Un paseo musical. Notas al programa

Publicado el 21/10/2021

La reinvención dentro de las industrias artísticas y culturales sigue motivando la aparición de nuevas dinámicas en el contexto de la nueva normalidad. A lo largo del mundo, la pandemia nos empujó a preguntarnos cómo sería nuestro retorno paulatino a los espacios públicos, adaptándonos a medidas de bioseguridad que garanticen tanto la salud de artistas y personal como del público. La cultura es tanto un bien público como un derecho irrenunciable para cada ciudadano. Si bien la música, al igual que otras artes escénicas, encontró en la digitalidad otras posibilidades de reproducir sus repertorios, es innegable que su interpretación en vivo no podrá ser igualada por el formato de las pantallas.

En el caso de las orquestas sinfónicas, el retorno a los escenarios con reducción de aforo ha formulado una serie de cambios, artísticamente hablando. Los programas a presentar tienen que considerar para la orquestación un número limitado de integrantes dentro del escenario, respetando el distanciamiento y su disposición, además de reorganizar los esquemas de montajes y producción en sintonía con las medidas sanitarias.

Para esta producción, la Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil Bicentenario (OSNJB) congrega en el Gran Teatro Nacional a más de 40 músicos, con especial participación de cinco solistas, agrupados específicamente de acuerdo al repertorio presentado. Un repertorio en donde el hilo conductor no es más que la música sinfónica en su esplendor. La OSNJB ha preparado un recital donde convergen distintos géneros, épocas y hasta lugares geográficos.

La Elegía para cuerdas, del maestro y director peruano José María Valle Riestra (1858-1925) es, junto a las óperas Ollanta y Atahualpa, una de sus creaciones más difundidas en el último siglo. Obra del periodo indigenista que se compuso inicialmente para dos cuerdas. Posteriormente, con motivo de la inauguración de la Cripta de los Héroes en 1908, y la inhumación de los restos mortales de Francisco Bolognesi y Miguel Grau en dicho recinto, se procedió a estrenar su versión orquestada.

El Concierto para dos trompetas y cuerdas, del genio italiano del barroco Antonio Vivaldi (1678-1741), forma parte de una escasa producción vivaldiana estrictamente instrumental dedicada a la trompeta. Compuesto de tres movimientos, hasta el momento se desconocen tanto las circunstancias como la fecha de su creación, conservándose como única fuente un manuscrito en la Biblioteca Nacional de Turín.

Dentro del universo de la música de cámara que combina las melodías que producen los cuartetos de cuerdas e instrumentos de viento madera, destacados compositores nos han heredado unas bellas partituras. Entre ellos, Bernhard Henrik Crusell (1775-1838), el legendario virtuoso finlandés, con su Divertimento para oboe y cuarteto de cuerdas Op. 9, publicado en una década antes de su fallecimiento.

Otra joya musical resulta las Variaciones sobre un tema rococó, de Piotr I. Tchaikovsky (1840-1893). El arte rococó, a diferencia de la estética barroca, goza de unas melodías simples, directas y fácilmente comprensibles. Esta obra se encuentra especialmente inspirada en el recuerdo de la música de Mozart, por quien Tchaikovsky tenía un enorme afecto. Un planteamiento en donde la orquesta junto al solista intercambian un largo discurso musical exponiendo el deslumbrante registro del violoncello. La versión que presenta la orquesta es una novedosa adaptación escrita para 5 violoncellos solos.

La producción de Darius Milhaud (1892-1974) abarca casi todos los géneros, pero el compositor francés sería más conocido por ser uno de los primeros en incursionar en distintos tipos de fuentes y técnicas para sus obras. Ejemplo de su trabajo es el Concierto para percusión y pequeña orquesta, compuesto entre 1929 y 1930, donde la batería adquiere un formato poco convencional para la época.

Finalmente, el concierto concluye con la Serenata para cuerdas, de Antonín Dvořák (1841-1904), considerado como el principal referente del nacionalismo checo. Compuesta en sólo dos semanas durante el mes de mayo de 1875, esta obra supone uno de sus trabajos más difundidos que ha obtenido un rotundo éxito desde la fecha de su estreno.

 

K. F. Cubas

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